Una marea naranja por los derechos sociales

Ciudadanía

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53fc1e0cac7fb0058fdee71fee34bcaeSi les hablo de recortes en Sanidad, ustedes pueden adivinar algunas consecuencias y visualizar, aunque estén sanos, situaciones que nadie desea para sí y los suyos. Si les hablo de recortes en Educación, se inquietarán por la calidad de la enseñanza que van a recibir sus hijos y por su futuro. Son algunos de los contornos más evidentes de la deriva de nuestra sociedad del bienestar, que todavía era una adolescente confusa, hacia la sociedad del "que cada palo aguante su vela".

Lejos de comparaciones (las escalas del drama son siempre injustas y personales) hay un ámbito que goza de cierta invisibilidad quizá porque quienes son beneficiarios de sus servicios y prestaciones ya eran invisibles de condición. Me refiero a los derechos sociales, subjetivos o adquiridos, relacionados con la intervención social profesional con personas y familias que, de una u otra forma, necesitan del apoyo público, institucional o no, para no quedar descartados de la categoría más básica de ciudadanía.

Ustedes como yo, necesitarán ejemplos para poner cara a los conceptos. Ahora piensen en la atención de personas dependientes (por edad, discapacidad o enfermedad), de personas y familias empobrecidas, de personas excluidas del mercado laboral, de personas migrantes, de personas sin hogar, de personas afectadas por adicciones, de mujeres víctimas de violencia de género, de menores desprotegidos, de personas mayores aisladas... ¿Ya tienen las caras? En nuestro Estado en 2011 el Sistema Público de Servicios Sociales atendió a casi siete millones de personas, uno de los cuáles eran andaluces y andaluzas. Un número que se vería incrementado si sumáramos las personas atendidas por organizaciones sin ánimo de lucro (asociaciones y fundaciones), entidades que transitan por su particular calvario por los impagos de las administraciones públicas responsables del bienestar.

Todo este sistema de servicios está gravemente amenazado y muchas voces cualificadas alertan del riesgo de su desmantelamiento sin ruido. Digo sin ruido, en parte, porque su desarticulación puede enmascararse cínicamente mediante el recurso a la beneficencia y a la atención inmediata y urgente ("retiremos las cañas de pescar y demos el pescado, aunque sea poco"); en parte, porque era tan incipiente y débil como sistema que aún no había calado en la conciencia colectiva como un derecho reconocible; y, en parte, porque un buen número de ciudadanos ven aún como ajeno o marginal el acceso a los mismos a pesar del alarmante aumento de la demanda, que ya incluye a excluidos de las clases medias.

Este es el contexto que impulsa el nacimiento de la Marea Naranja dentro de la corriente social denominada mareas ciudadanas en defensa de los servicios públicos. En Málaga se constituye la Marea Naranja como un movimiento de ciudadanos y ciudadanas, profesionales y personas usuarias que no pueden desviar la mirada mientras los derechos sociales corren el riesgo de desvanecerse, mientras la última línea de defensa de la cohesión social está amenazada de derrumbe. Personas convencidas de que la vulnerabilidad social, sin la solidaridad en forma de intervención organizada, técnica, pública y establecida como derecho, puede acabar en marginación cuando la sociedad da la espalda a los que juegan con las peores cartas. Consigan una camiseta naranja y acompáñennos, estaremos en la calle.



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